Legiones extranjeras de las Waffen SS

En 1945 aproximadamente un tercio de los casi un millón de hombres que componían este politizado y fanático cuerpo de élite, provenían de los países ocupados europeos. Para 1941 el ideal de pureza racial sobre el que Himmler cimentó a las Waffen SS, se diluyó debido a la falta de recursos humanos que a la larga significó la perdición del II Reich.

Divisiones SS Extranjeras

Divisiones SS Extranjeras

Después del papel clave que jugaron las divisiones motorizadas SS en la caída de Francia, (Concretamente la 1.ª División Leibstandarte SS Adolf Hitler, la 2.ª División SS Das Reich y la inconfundible 3.ª División SS Totenkopf) Heinrich Himmler sugirió al führer la expansión de las SS.
Himmler se encontraba bajo la presión de sus mandos inferiores que le demandaban más efectivos dadas las cuantiosas bajas que las divisiones SS sufrían. La fidelidad a Adolf Hitler y al partido nazi, el antisemitismo y el odio al comunista proporcionaban hombres más aguerridos, temerarios y sin piedad, pero no necesariamente mejores soldados.

Es importante destacar la diferencia entre la Wehrmacht y las SS ya que solo estos últimos serían tristemente recordados por sus atrocidades. A diferencia de la aristocrática y tradicional escuela prusiana de la Wehrmacht, que poco tenía que ver con el fanático adoctrinamiento y falta de juicio del que hacían gala las tropas de asalto de Adolf Hitler.

Ante estas circunstancias, a Hitler no le quedó más remedio que permitir la creación de la que iba a ser la primera división constituida por voluntarios extranjeros, la 5.ª División Panzergrenadier SS Wiking. A Himmler le salían las cuentas, creaba una división que se ajustaba a su ideal de raza aria, ya que estos voluntarios provenían en su mayoría de Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia.
La creacción de la División Wiking allanó el camino para las 24 divisiones SS de extranjeros que estaban por llegar.

La invasión de la Unión Soviética disparó el número de voluntarios y el rango de nacionalidades que se unían para luchar bajo la bandera del Tercer Reich, casi tanto como las razones que estos esgrimían para hacerlo. Como mercenarios, algunos iban tras la paga, status social o aventura, pero para otros su odio hacia Stalin tenía un mayor peso, tanto como para que 85000 hombres de las repúblicas bálticas y alrededor de 20000 ucranianos decidieran que luchar por Adolf Hitler era mejor idea que hacerlo por Stalin.

Invadir un país de las dimensiones de la URSS siempre va a requerir más capital humano del previsto. Por esta razón Himmler puso boca abajo su ideal ario del caballero nórdico rubio, alto y con el espíritu más limpio que los bosques de la Selva Negra debido a unas circunstancias algo más realistas. El aparentemente ilimitado potencial humano de la URSS, 40º bajo cero y la imposibilidad de reponer, llevó a Himmler a permitir alistarse a cualquiera que quisiera ponerse bajo el fuego del frente oriental.

En 1945 se podía encontrar una heterogénea masa de nacionalidades en las filas de las Waffen SS. Hombres provenientes de Azerbaiyán, Rusia, el Imperio Indio, incluso croatas musulmanes.
Si hubieran preguntado a Himmler diez años atrás qué pensaba de estos hombres, sin dudar hubiera contestado “üntermensch”, sub-humanos.

Manuel Moncada

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