En el punto de mira (VI)

La Guerra de Invierno supuso una gran humillación para el Ejército Rojo, que infravaloró el ardor combativo de los fineses. El paseo militar que esperaban se transformó en una estrepitosa derrota que frenó su avance tal día como hoy de 1939, frente a la defensa finesa en el Istmo de Carelia , llamada línea Mannerheim.

Los finlandeses, muy inferiores en número y sin armamento antitanque pero adecuadamente pertrechados para la guerra invernal, propinaron un absoluto revés a las tropas soviéticas que bajas de moral y suministros, se negaban a lanzarse en ataques en masa contra las posiciones de la línea Mannerheim, de la que la propaganda soviética había hablado como “equiparable a la línea Maginot“. Excusas propagandísticas de Stalin, que nunca quiso reconocer su error al purgar masivamente el ejército de oficiales y mandos “desleales y traidores” llevado por su paranoia y que convirtió a la URSS en una potencia militar de tercera a los ojos del mundo. Sin embargo Hitler se tomaría muy enserio la patética actuación soviética en Finlandia, subestimando el potencial del Ejército Rojo, que aún tendría mucho que decir y sobre todo, muchas vidas que entregar a la causa.

Soldado ruso congelado colocado por los fineses como advertencia (1940)

Soldado ruso congelado colocado por los fineses como advertencia (1940)

A modo de macabro espantapájaros, los tenaces soldados fineses colocaron un soldado ruso congelado de pie, para disuadir a los soviéticos de continuar su avance. La Guerra de Invierno fue un conflicto de desgaste que acabó finalmente con una derrota táctica para la URSS, pero en lo estratégico logró que los finlandeses cedieran territorios como Salla al este, Carelia al sureste, las islas  del golfo de Finlandia y la península de Hanko con su base naval.

 

En el punto de mira (V)

Los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, fueron utilizados por Hitler para mostrar al mundo la magnificencia de la Alemania nazi y la superioridad que él suponía de la raza aria. Para ello puso en marcha la maquinaria propagandística nazi dirigida por su ministro de propaganda Joseph Goebbels, contando con la ayuda de toda una institución como la actriz, fotógrafa y cineasta Leni Riefenstahl. La II República Española no participó en los Juegos de la XI Olimpiada debido al alzamiento militar del general Franco hacía apenas dos semanas. En la fotografía tropas con el uniforme de las SS descansan fuera del estadio Olímpico de Berlín.

Tropas de las SS descansando fuera del estadio Olímpico. Berlín. (1936)

Tropas de las SS descansando fuera del estadio Olímpico. Berlín. (1936)

En el punto de mira (IV)

La histórica ciudad y fortaleza de Brest-Litovsk, donde la URSS firmó el armisticio con las Potencias Centrales en 1918, fue uno de los primeros objetivos estratégicos al inicio de la Operación Barbarroja y fue bombardeada desde las primeras horas del 22 de junio. Tras una fiera resistencia que duró una semana, los nazis ocuparon la fortaleza. Algunos soldados resistieron entre las ruinas durante un mes más. Uno de ellos grabó este mensaje para la historia: “¡Moriremos, pero no nos rendimos! ¡Adiós Madre Patria!”

Inscripción hallada dentro de la fortaleza de Brest Litovsk, Polonia (1941)

Inscripción hallada dentro de la fortaleza de Brest Litovsk, Polonia (1941)

Bienvenidos al Ostfront

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Después de no querer oír ni hablar de una campaña invernal tras el empuje inicial de la Operación Barbarroja, la imparable Wehrmacht de Hitler se topó con el gélido invierno de 1941, que volvió casi irreconocibles a las tropas alemanas, que envueltos los pies en papel y cartón, mantas y cortinas a modo de capotes, solo el casco de acero les distinguía de los campesinos soviéticos. “Solo tenemos que dar una patada en la puerta y toda la estructura podrida se vendrá abajo”.

La puerta había sido barrida como un vendaval, pero inexplicablemente el edificio seguía en pie. Tan seguro estaba el Führer de que una nación sometida a la tiranía estalinista no sostendría el embate de un ejército organizado y decidido, que cualquiera que le comentara la posibilidad de preparar una campaña invernal era tachado de derrotista y de no
confiar en la efectividad de la guerra relámpago que en menos de un año había puesto a Europa de rodillas. Pero la urgente necesidad de pertrechos invernales convertía a la imparable máquina de guerra alemana en un oxidado engranaje.

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