El motor de la Blitzkrieg

Opel, la subsidiaria alemana de General Motors, hizo de la guerra relámpago una realidad cambiando para siempre los manuales de guerra

Italien, Soldaten auf LKW Opel-Blitz

La motorización de la infantería

La Segunda Guerra mundial significó el fin de las técnicas clásicas de combate observadas durante la Gran Guerra, en la que los ejércitos adoptaban posiciones estáticas basadas en las trincheras, cediendo toda iniciativa y apostando por los ataques en masa que suponían un elevado número de bajas.

Este hecho llevó a algunos de los más grandes estrategas del siglo XX a plantearse una doctrina de combate que revolucionaría la forma de hacer la guerra: la Teoría de las Operaciones en Profundidad. El mariscal de campo de la Unión Soviética Mijaíl Tujachevski, ideólogo de esta doctrina y mentor del más conocido Heinz Guderian, fue el padre de la Blitzkrieg que haría famosa la Wehmarcht pocos años después.

La doctrina de las operaciones en profundidad se apoyaba en la potencia de fuego y velocidad de las fuerzas blindadas, que acompañadas por infantería motorizada, penetrarían de forma rápida y contundente en las líneas enemigas con el fin de destruir el soporte logístico del enemigo embolsando sus divisiones para neutralizarlas de una en una.

En junio de 1936 Tujachevski fue enviado de visita oficial al Reino Unido, Francia y Alemania donde entabló amistad con el general Heinz Guderian, estudioso de su obra. Posteriormente, esta visita fue utilizada en su contra, ya que se le acusó de haberse reunido con agentes antiestalinistas en el exilio, conspirando en contra de Stalin. Tujachevski fue arrestado el 22 de mayo de 1937, secretamente juzgado y ejecutado el 12 de junio, dentro de lo que se conoce como “la gran purga” del Ejército Rojo, en la que Stalin se deshizo de la mayoría de altos oficiales, muchos de ellos de gran valía. Estos experimentados soldados fueron sustituidos por elementos más leales pero mucho menos capaces, lo que jugó en contra de la URSS al principio de la Operación Barbarroja.

El general Heinz Guderian, estudioso de la obra de Tujachevski, tuvo muy en cuenta lo que fueron consideradas en un principio prácticas sin ningún futuro para su particular versión de la guerra blindada, la Blitzkrieg. Los tanques, agrupados en grandes formaciones, en vez de repartidos en batallones de apoyo a la infantería, abrirían brecha y penetrarían velozmente en territorio enemigo. Los tanques tiraban la puerta abajo, pero sin la infantería no se mantiene la posición.

Sin una infantería que acompañe el veloz avance de los blindados, los tanques serían fácilmente rodeados. Es entonces cuando nace una nueva y determinante función para la infantería en la Blitzkrieg alemana: la infantería motorizada, que sería el origen de las divisiones mecanizadas  y de los granaderos Panzer, las cuales fueron siendo actualizadas a lo largo del conflicto, según las disponibilidad de los menguantes recursos del Reich.

La gran ventaja en velocidad de la infantería motorizada fue crucial para la guerra relámpago de la Wehmacht, ya que aunque la infantería montada en camiones no era más robusta que la infantería marchando, su extra en velocidad era decisiva en la estrategia del Blitzkrieg porque permitía seguir a las formaciones Panzer y proteger sus flancos durante el avance.

Pero la realidad económica alemana no permitía una motorización completa de sus divisiones de infantería, que en la mayoría de los casos iba a pie o se servía de la fuerza animal para transportar armamento y suministros. Así pues, a pesar de las obvias ventajas de la motorización, la mayoría de divisiones solamente optaron por una motorización parcial de su infantería debido a los costos e implicaciones logísticas de desplegar tantos vehículos.

Como contraparte encontramos a la maquinaria de guerra estadounidense que con sus ingentes recursos, podía redirigir con facilidad las actividades de suficientes camiones para motorizar un regimiento de infantería llegado el caso.

La industria al servicio del terror

En 1939, el destino del mundo no estuvo carente de cierta ironía cuando el jefe del fabricante americano de automóviles General Motors, Alfred P. Sloan, dijo semanas antes de la agresión nazi sobre Polonia, que la producción y las ventas de GM en Alemania eran “altamente rentables”. Y es que en 1929 General Motors adquiere Opel y comienza a desarrimagesollar la base de la potente industria automovilística alemana. Después de los exitosos lanzamientos del Opel Olympia en honor de los juegos olímpicos de Berlín’36 y el primer Kadett que se convierte en el coche más vendido en Alemania, la industria alemana del automóvil empieza a encontrar nuevas e interesantes aplicaciones para los vehículos que producen.

James Mooney, que estaba a cargo de las subsidiarias de General Motors en ultramar, mantuvo conversaciones con Hitler dos semanas después de la invasión nazi de Polonia y como resultado la subsidiaria alemana de General Motors continuó produciendo material bélico para el ejército alemán.

Visto en perspectiva, se puede comparar la importancia relativa de Suiza, que facilitó la actividad financiera nazi durante la guerra, con la importancia que tuvo la General Motors para los fascistas alemanes. Un investigador, Bradford Snell, escribió: “Suiza fue sólo un depósito de fondos saqueados. GM formó parte integral del esfuerzo de guerra alemán. Los nazis podrían haber invadido Polonia y Francia sin Suiza. No lo podrían haber hecho sin GM”.

Investigaciones posteriores han determinado que Las subsidiarias alemanas de gigantes del automóvil como GM y Ford, continuaron produciendo material militar para los ejércitos del estado nazi entre 1939 y 1945, quienes suministraron un 70 por ciento de los coches vendidos en el mercado alemán. Profundizando en los archivos se ha descubierto que algunos directores en ambas firmas, ciudadanos estadounidenses, no se opusieron a la conversión de las plantas de GM y Ford en Alemania y en Francia y Polonia ocupadas por Alemania, para servir al aparato militar alemán.

Paradójicamente, mientras Alemania  luchaba contra EEUU ya entrada la guerra, Alemania siguió pagando a General Motors los royalties por utilización de sus patentes en los camiones Opel Blitz, que era idéntico al Bedford que utilizaban los británicos… otra subsidiaria de General Motors.

El Opel Blitz   

A mediados de los años 30, el fabricante alemán de automóviles Opel  comenzó a producir diversos camiones ligeros y medios que recibieron el nombre de Blitz (rayo en alemán), siendo un presagio de lo que vendría después.  El logo de este modelo, con dos líneas dispuestas en forma de Z horizontal, evoca la forma del rayo y son todo un símbolo para la compañía alemana  que aun hoy en día sigue apareciendo en el logo de todos los vehículos Opel.

Una perfecta respuesta de la maquinaria alemana para los nuevos roles de la infantería que  la también denominada Blitzkrieg (Guerra Relámpago) exigía. Velocidad y maniobrabilidad fueron las premisas desde las que partieron en la fábrica de Opel en Brandenburgo cuando  en 1935 comenzó la producción de más de 130.000 camiones Blitz que no se detuvo hasta el 6 de agosto de 1944, cuando por todo ello la fábrica se convirtió en objetivo militar y fue destruida en un bombardeo aéreo de la RAF. En 1967, General Motors recibió 33 millones de dólares como pago del gobierno de EEUU en compensación por el bombardeo de su fábrica de Russelsheim durante la guerra.

Utilizado con diversos propósitos, entre los que se cuentan servicios de ambulancia, lavandería, transporte de suministros y armamento pesado, los convoyes de camiones Blitz eran uno de los objetivos predilectos por la aviación aliada, ya que debido a su delgado blindaje eran presa fácil ante los bombardeos aéreos en proximidad.

SdKfz 4 “Maultier”, la mula del Reich

Los nazis desarrollaron algunas variantes del Opel Blitz. A pesar de la tracción en las cuatro ruedas de los modelos más modernos, las máquinas alemanas habían sido diseñadas para las cuidadas autopistas teutonas, nada que ver con los caminos embarrados de la Rasputitsa o la “estación del fango” rusa. Pensado para el Frente Oriental, se fabricó un vehículo semioruga conocido como Maultier, “la mula” empleando las orugas y suspensiones basadas en los obsoletos blindados Panzer I.

Un vehículo semioruga de bajo coste, capaz de llevar varias toneladas de material por terrenos poco transitables. Prácticamente se trata de un camión o coche blindado al que se le han añadido unas orugas traseras. Si bien contaba con una ametralladora de calibre 7,92 mm (Mg 34 o Mg 42) no era un vehículo de combate propiamente dicho ya que al carecer de blindaje o ser muy liviano era muy vulnerable al ataque incluso con armamento ligero, por lo que se utilizaba como transporte de retaguardia.

 

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