Bajo dos tricolores

Portada de la novéla gráfica “La Nueve” por Paco Roca

Más conocida por todos como “la Nueve” los hombres de esta moderna unidad de infantería mecanizada tuvieron el privilegio de ser los primeros héroes de la capital francesa, que para sorpresa de los exultantes parisinos que entonaban La Marsellesa al paso de los semiorugas, eran todos españoles.

El exilio delante, la guerra detrás

Al acabar la Guerra Civil española en 1939, fueron muchos los republicanos que salieron del país para huir de la dictadura impuesta por las armas del general Franco. Las peripecias del exilio habían llevado los refugiados de la guerra a buscar asilo al otro lado de los Pirineos, donde los franceses no ocultaban su desconfianza hacia los republicanos españoles, mayoritariamente anarquistas y socialistas libertarios. Otros en cambio se agolpaban en los puertos del Levante español, donde días antes de la toma de la Alicante por parte de los franquistas, partieron rumbo a Orán 3500 personas a bordo del carguero Stambrook.

Francia dio la opción a los exiliados españoles de enrolarse en la Legión Extranjera o ser repatriados a España. Por razones obvias la mayoría se decantó por la primera opción. Tras el desastre del verano de 1940 en la que Francia fue derrotada en una campaña de 40 días por la Blitzkrieg alemana, la Legión Extranjera permaneció inicialmente bajo el mando del nuevo régimen colaboracionista de la Francia de Vichy, con el mariscal Pétain al frente. Sin embargo, pronto se puso al servicio de La Francia Libre que en cuanto tuvo la oportunidad fue a combatir al Afrika Korps de Erwin Rommel en el Norte de África.

Contra el zorro del desierto

El general Leclerc dando instrucciones a sus hombres

Tras el colapso, el general Philippe Leclerc fue enviado en 1940 a Camerún actuando en apoyo de la Francia Libre, donde había de incorporar los territorios africanos que quedaron bajo administración de Vichy. Tras lograr retomar Camerún y Gabón para la Francia Libre, Leclerc es designado comandante de las fuerzas en el Chad, desde donde partió el 25 de enero de 1941 en una travesía de 650 km a través del desierto para atacar el fuerte de Koufra en manos de los fascistas italianos.

Tras la victoria sobre el Eje en el Norte de África, Leclerc se encontraba en Didjelli, Argelia, dispuesto a actualizar la columna que llevaba su nombre, dando forma a la que se iba a convertir en la Segunda División Blindada. El capitán Raymond Dronne, después de acompañar a Leclerc en su gesta africana, recibió la orden de formar una de las compañías que formarían el Tercer Batallón Del Regimiento de Marcha del Chad (RTM), la unidad que constituiría el contingente de infantería mecanizada que acompañaría a los carros de combate de la división.

Un personaje que aparece entonces es el capitán Joseph Putz, que manda la 11e compagnie. Fue un oficial de la reserva que curtido en la guerra de España, donde comandó la XIV Brigada Internacional, conocida como “La Marsellesa”.

Putz, fue designado comandante del III Batallón del Regimiento de Marcha del Chad (RMT), la unidad que a su vez constituiría el contingente de infantería mecanizada que acompañaría a los carros de combate de la División, de acuerdo con el modelo estadounidense, y será uno de los hombres clave en la historia de La Nueve y de toda la 2e División Blindada. Fue aquí donde los soldados españoles comenzarían a cumplir su papel crucial en la liberación de Europa del fascismo. Sus hombres provienen de los campos de internamiento, y abundan los exlegionarios con los orígenes más diversos.

Voluntarios contra el fascismo

La nueva compañía estaría formada por voluntarios españoles, provenientes del exilio republicano, y por franceses de origen español, pertenecientes a familias que llevaban más de una generación instalados en el norte de África. Dronne pensaba que Leclerc le había hecho este encargo porque los españoles, muy motivados políticamente, sólo aceptarían como mando a un “francés libre” de primera hora, no a algún “petainista” que hubiese “chaqueteado” recientemente. A los voluntarios españoles se les permitió bordar banderas republicanas en sus guerreras, la cual añadirían posteriormente a sus vehículos. Las dos tricolores ondearían juntas el día de la liberación.

De acuerdo con Dronne, ideológicamente, los anarquistas eran predominantes en la Compañía, siendo el resto socialistas y republicanos moderados. Hubo pocos comunistas, quizás porque la estrategia del Partido Comunista de España respecto a la lucha contra los alemanes era entonces otra.

Pese a las diferencias políticas, el sentimiento antifascista creaba el vínculo necesario para mantener intacta su eficacia como unidad de combate, aunque Dronne recoge que existían tales diferencias. A su favor, contaban con el hecho de ser combatientes experimentados en la Guerra Civil por lo que esto les convertía en una especie de infantería de élite en relación con los inexpertos reclutas que entonces se alistaban en la Segunda División Blindada.

El primer teniente fue Amado Granell Mesado. Había cumplido ya los cuarenta, y en su haber tenía desde el paso por la Legión con apenas veinte años a una larga trayectoria durante la Guerra Civil, que le había llevado desde el Batallón de Hierro al mando de la 49 Brigada Mixta, pasando por varios intentos de creación de unidades motorizadas de ametralladoras. Fue de los pocos supervivientes de La Nueve que regresó a España, donde falleció el 12 de mayo de 1972 en accidente de tráfico.

La Primera Sección de Combate estaba mandada por el sous-lieutenant Montoya, un antiguo oficial de carabineros. El adjunto de Montoya era el sergent-chef Moreno, a quien Dronne reservaba excelentes calificativos: “hombre calmoso, de juicio mesurado, lúcido y valeroso sin ostentación.” Era madrileño y tipógrafo. Miliciano de hora temprana, comprendió la necesidad de la disciplina y la organización, y fue seleccionado para seguir cursos de formación militar. Llegó a ser jefe de estado mayor de la 67 Brigada Mixta, y fue otro de los que escaparon de Alicante a bordo del Stambrook.
La Tercera Sección de Combate la mandaba el canario Miguel Campos que, sin duda, fue el preferido de Dronne (“era un fenómeno, un coloso”, diría de él) y probablemente el mejor combatiente de La Nueve. Era anarquista, como la mayoría de los componentes de su sección. Había llegado a Orán desde España, al final de la guerra, y también había estado en los Corps Francs d’Afrique. Se hizo popular atrayendo a “La Nueve” a un buen número de españoles pertenecientes a la Legión Extranjera que desertaron para unirse a la nueva unidad “española”.

Siendo un ferviente anarquista, existeron rumores acerca de que en 1944, Campos pretendío hacerse con uno de los semiorugas y dedicarse al acopio de armamento y municiones para hacerlo enviar a las guerrillas antifranquistas.

“Esto es una orquesta con buenos músicos y buenos instrumentos. Si hubiésemos tenido eso en España…”

En octubre de 1943, Leclerc conduce a sus hombres a la costa atlántica marroquí, donde los americanos habían desembarcado en Casablanca, para hacer acopio del moderno material de guerra cortesía de los EEUU. Para ello la compañía se desplazó a Anfa, donde los ingenieros y cuadros técnicos del US Army procedieron a instruir a los hombres sobre el uso y mantenimiento del nuevo equipo. Después de un mes de aprendizaje básico, volvieron a Bordj Skirat, donde permanecerían hasta la primavera de 1944, convirtiéndose en una unidad de infantería mecanizada.

Para los españoles, habituados a cavar trincheras, ataques frontales a bayoneta, marchas a pie y como mucho viajes en tren, la idea de una una División Mecanizada les tuvo que parecer realmente exótica. Sin duda no debió ser fácil sustituir sus hábitos de soldados de infantería tradicional por las nuevas tácticas de combate que hacían necesario el aprender a combatir desplazándose rápidamente en potentes y versátiles vehículos semioruga todoterreno y con modernas armas automáticas.

El RMT fue dotado de modernos half-tracks, vehículos semiorugas de nueve toneladas aptos para desplazarse por todos los terrenos acompañando a los carros de combate, de quienes serían su infantería mecanizada. Contarían con armas individuales de mucha mayor calidad que los mosquetones de 1936, además de ametralladoras ligeras y pesadas, morteros de 60 mm, cañones anticarros de 57mm. y piezas tan “exóticas” como los novedosos bazookas.

Nada que ver con lo que habían conocido hasta entonces. Pero a pesar de las dificultades, los españoles se adaptaron perfectamente a sus nuevas armas y a la moderna forma de hacer la guerra. Según dijo otro anarquista, el sergent-chef “Fábregas”, el adjunto de Miguel Campos al mando de la Tercera Sección: “La Nueve es una orquesta con buenos músicos y buenos instrumentos. Si hubiésemos tenido eso en España…”

Siguiendo la costumbre francesa de “bautizar” todos los vehículos, los nombres que los españoles de La Nueve dieron a sus half-tracks quedaron unidos al lugar que la historia reserva para los luchadores por la libertad. Las batallas de la guerra civil: Teruel, Ebro, Brunete, Madrid, Belchite o Guadalajara, dieron nombre a los portentosos semiorugas de fabricación norteamericana. También otros recibieron nombres tópicamente evocadores como Don Quijote, o España Cañí.

El semioruga “Brunete” frente al Hotel de Ville, en París

La Nueve en Normandía

Tras un periodo de intensa instrucción, a finales de mayo de 1944 la División Leclerc es trasladada a Inglaterra donde permanecerá hasta nuevo aviso. La opinión pública británica no es muy favorable tiene hacia los franceses, y menos aún hacia los “rojos españoles”,a los que algunos atribuyen la comisión de atrocidades durante la Guerra Civil. No habrá problemas de disciplina, y el comportamiento de los españoles será, en efecto, impecable.

Cuando finalmente se produce el desembarco aliado el 6 de junio de 1944, el entrenamiento de La Nueve continúa, pero en la compañía siguen con inquietud el desarrollo de los acontecimientos, a sabiendas de que el momento de la verdad se aproxima. En contraste con el entorno norteafricano al que estaban habituados, el paisaje de York y sus praderas, los “pubs” y la hospitalidad de los británicos junto con el inagotable avituallamiento de armamento y municiones estadounidenses, fueron novedades absolutas para los españoles. Serán sus mejores días desde que salieron de España.

Pero aún pasarán casi dos meses antes de que la La Nueve ponga pie en tierra francesa. Finalmente, el 30 de julio embarcan en Southampton y el 1 de agosto los primeros elementos del la División desembarcan en la playa de Utah. Tras una inquietante espera en el barco que les transportó hasta Francia debido a la complejidad de semejante operación anfibia, La Nueve desembarca el 4 de agosto. La división se pone en marcha con la misión de apoyar a los estadounidenses frente al contraataque alemán en Mortain.

La toma del puente sobre el Sarthe y de Alençon abre el camino para que la Segunda Division Blindada participe en una de las operaciones más importantes del recién abierto frente occidental: la reducción de la bolsa de Falaise, que supondrá el colapso alemán en Francia.
El 13 de agosto La Nueve lanza su punta de lanza hacia Ecouché, destruyendo varios vehículos alemanes a su paso. El pueblo queda dominado, pero pero para defenderlo habrá que soportar violentos combates. Finalmente, el día 16 se detectan intentos de penetración alemana en el pueblo. Sabiéndose en inferioridad numérica, Romme lanza a sus semiorugas al ataque, sorprendiendo a un numeroso grupo de unidades blindadas alemanas, entre las que se contaban elementos de la 1.ª División Leibstandarte SS Adolf Hitler y de la 2.ª División SS Das Reich. Para la Nueve, es también el primero de los muchos momentos de coraje y sufrimiento que deberá vivir hasta el fin de la guerra.
Infiltrándose con dos half- tracks en terreno alemán, llegan a un castillo en el que capturan 129 prisioneros, entre ellos un coronel. Ese día encontrarán la muerte Roberto Helio y el sergent-chef Constantino Pujol, siendo herido su hermano, Fermín. También, Luis del Águila y el veterano prusiano Poreski. Por fin, el día 18 La Nueve enlaza con una columna británica. Han sufrido 7 muertos y 10 heridos graves, pero ha sido un éxito táctico.

Objetivo París

La Nueve descansa en Ecouché hasta que el 23 de agosto, a las 6 de la mañana, se da la orden de salida. El destino es París. Leclerc había ordenado a Dronne marchar sobre París con lo que tuviera a mano, por poco que fuera. El general magina el poderoso efecto que la llegada de la columna puede tener en la moral del pueblo parisino, y sabe que es necesario lograrlo aunque sea con una fuerza simbólica, la Segunda División Blindada debe entrar en París antes que los estadounidenses, y La Nueve es perfecta para ese cometido.

Un paisano guía a la columna. Atraviesan Fresnes, continúan por L’Hay-les-Roses, Cachan, Arcueil y Kremlin-Bicetre a través de calles que parecen libres de obstáculos. Durante todo el recorrido reciben las muestras de entusiasmo de la población, que como si de un triunfal Tour de Francia se tratara, acompaña el paso de la columna. Sin mayor resistencia que la que ofreció algún puesto de vigilancia, excepto la amenazante posición de un cañón FlaK 88 que hubo que destruir, La Nueve continuó su marcha hacia el centro de París a buen ritmo.

Son las 20,45 cuando se alcanza la parisina Puerta de Italia. Los semiorugas irrumpen en la plaza. En ese momento la plaza se encuentra llena de personas que corren despavoridas pensando que los que vienen de aquella estruendosa manera son alemanes. De pronto alguien grita: “¡Son de los nuestros!” y las tropas se ven rodeadas de una muchedumbre que literalmente enloquece. Durante unos minutos es el delirio. La gente empieza a llegar, lo invade todo, abraza a los soldados, grita, impide el despliegue. Muy pronto la Marsellesa se escucha sobre toda la ciudad.

La muchedumbre pareció realmente sorprendida al descubrir que los hombres que se aproximaban cantando La Marsellesa, eran españoles. Realmente la pequeña fuerza que manda Dronne no tiene más que un poder simbólico dentro de la situación que le rodea. Resuelve entonces dirigirse al Hotel de Ville, que había sido punto neurálgico en todas las insurrecciones ocurridas en París.

Los vehículos hacen sonar metálicamente sus cadenas sobre las adoquinadas calles de la ciudad. Recorren calles que quedan desiertas al paso de los blindados, (la primera reacción de los parisinos sigue siendo pensar que son alemanes) pero que se vuelven a poblar cuando alguien reconoce a los soldados y lanza el repetido grito de “¡Franceses, son los franceses!”.

Los libertadores de París son aclamados por el pueblo

Cruzan al Sena por el puente de Austerlitz y continúan a lo largo de los muelles de la orilla derecha hasta su objetivo. Por fin, a las 21,22 horas se detienen ante el Hotel de Ville. Comienza a anochecer. Dronne ordena transmitir un mensaje de radio en el que hace hincapié sobre su aislamiento y la necesidad de progresión sobre París. Se despliega el destacamento y los vehículos son dispuestos en defensa de erizo alrededor del ayuntamiento, y se hacen los preparativos de un posible contraataque.

Al ser los primeros en entrar en la capital, los españoles de La Nueve han pasado a la historia como los libertadores de París, hombres que no luchaban por una bandera, si no por la libertad. París compensó esa noche, en parte, los años de exilio y penalidades que el fascismo provocó en sus vidas, y con un sabor agridulce celebraron una victoria que hubiera sabido mejor en casa.

El día 25 de agosto, el grueso de la Segunda Division Blindada entra en París y se despliega por la ciudad eliminado los focos de resistencia alemana y tomando los puntos estratégicos. La Nueve entabló conbate limpiando la resistencia en la central telefónica, en los que es gravemente herido el sous-lieutenant Elías. Al final del día París está bajo control y La Nueve se reagrupa frente al Hotel de Ville.

Al día siguiente tuvo lugar el gran desfile triunfal en el que De Gaulle tuvo al fin su gran momento histórico ante el liberado pueblo parisino cuando descendió los Campos Elíseos caminando hasta la catedral de Notre Dame. Quienes tuvieron el El honor de escoltar el cortejo, fueron los primeros en entrar en la capital de Francia. Ese honor le correspondió a La Nueve.

Las imágenes del triunfal desfile de los Campos Elíseos han quedado para la historia, incluso existe una corta película en la que se puede observar a los semiorugas españoles marchando orgullosos y victoriosos junto al Jefe de Estado francés Charles de Gaulle.

Hubo que esperar sesenta años para que alguien rindiese por fin el homenaje que merecen los hombres que primero acudieron a socorrer la ciudad de París. Ninguneados por la historia, los miembros de La Nueve han empezado a recibir reconocimiento en los últimos años. En recuerdo a los españoles de la División Leclerc, en agosto de 2004 se inauguró una placa conmemorativa junto al río Sena. Años después, en 2012, la bandera republicana participó en el acto de celebración del 68 aniversario de la liberación de París, en el que el Presidente de la República francesa, François Hollande, reconoció la importancia y el valor de los libertadores españoles.

Acto de celebración del 68 aniversario de la liberación de París, donde el Presidente de la República François Hollande, recordó a los voluntarios republicanos

Más recientemente en junio de 2015, los reyes de España Felipe de Borbón y Leticia Ortiz, rindieron homenaje junto a la alcaldesa de París Anne Hidalgo, a los españoles de la División Leclerc, inaugurando un jardín de rosas junto a un pequeño monumento en su memoria.
La 9.ª Compañía de la 2.ª División Blindada de la Francia Libre, conocida por todos como La Nueve, que bajo dos tricolores entró en París.

 

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