El 16 de septiembre de 1941, el 1er Grupo Panzer al mando del general Ewald von Kleist enlazó con los elementos de reconocimiento del 2º Grupo Panzer comandado por Heinz Guderian a 190 kilómetros de la línea del frente, cerrando así la mayor bolsa de la historia bélica en la que más de 600.000 soldados del Ejército Rojo fueron rodeados.

Mientras los ejércitos de infantería  VI y XVII asediaban la ciudad con fuego de artillería pesada y con apoyo aéreo de la II Luftflotte, las columnas blindadas de Kleist y Guderian penetraron casi 200 km en el dispositivo defensivo soviético hasta encontrarse en la localidad ucraniana de Lojvitsa.

Gracias a la maniobra de los Grupos Panzer, la Wehrmacht destruyó la totalidad del Frente Sudoeste soviético al este de Kiev.

El colapso del flanco sur soviético supuso 600.000 bajas en el Ejército Rojo, entre heridos, cautivos muertos y desaparecidos,

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Las columnas blindadas alemanas penetraron 200 km antes de encontrarse en Lojvitsa.

Como respuesta a la ofensiva sobre Kiev, las fuerzas del Ejército Rojo al oeste de Moscú atacaron el Grupo de Ejércitos Centro de la Wehrmacht, sin ningún resultado.

Ante unos defensores firmemente fortificados, la contraofensiva soviética acabó en desastre para el Ejército Rojo e hizo menguar las guarniciones dispuestas en torno a Moscú para su defensa.

 

Una columna de prisioneros rusos camina a pie por carretera tras la batalla de Kiev.

Con su flanco sur asegurado, el Grupo de Ejércitos Centro alemán puso en marcha en octubre la Operación Tifón en dirección a Viazma.

Para Hitler, fue “la batalla más grande la historia universal”, pero su Jefe de Estado Mayor Franz Halder se refirió a la batalla de Kiev como “el error estratégico más grande de la campaña del este”.

Al igual que él, Guderian pensaba que todas las estrategias deberían haberse concentrado en Moscú y que la victoria en Kiev significaba perder un valioso tiempo.

Las semanas siguientes confirmarían que el tiempo es oro cuando se trata de invadir la inmensidad de Rusia.

El frío extremo y la tenacidad de los aparentemente ilimitados recursos humanos de la URSS chocaron una y otra vez contra la antes infalible maquinaria de guerra alemana.

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