El cerco de Kiev

El 16 de septiembre de 1941, el 1er Grupo Panzer de Kleist enlazaba con los elementos de reconocimiento del 2º Grupo Panzer de Guderian sobre el pueblo de Lojvitsa a 190 km de la capital ucraniana, cerrando la trampa mortal en la que más de 600.000 soldados del Ejército Rojo fueron rodeados, convirtiéndose en la mayor bolsa de la historia bélica.

Mientras los ejércitos de infantería  VI y XVII asediaban la ciudad con fuego de artillería pesada y apoyados por la II Luftflotte, las columnas blindadas de Kleist y Guderian penetraron casi 200 km en el dispositivo soviético avanzando hacia el este para luego virar hacia norte y sur respectivamente hasta encontrarse en la localidad ucraniana de Lojvitsa.

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La bolsa de Kiev

Gracias a la maniobra de los Grupos Panzer, la Wehrmacht destruyó la totalidad del Frente Sudoeste al este de Kiev durante el mes de septiembre, lo que infligió 600.000 bajas en el Ejército Rojo, entre heridos, cautivos muertos y desaparecidos, al tiempo que las fuerzas soviéticas al oeste de Moscú realizaron una ofensiva inútil y costosa contra Grupo de Ejércitos Centro. Sigue leyendo

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Legiones extranjeras de las Waffen SS

En 1945 aproximadamente un tercio de los casi un millón de hombres que componían este politizado y fanático cuerpo de élite, provenían de los países ocupados europeos. Para 1941 el ideal de pureza racial sobre el que Himmler cimentó a las Waffen SS, se diluyó debido a la falta de recursos humanos que a la larga significó la perdición del II Reich.

Divisiones SS Extranjeras

Divisiones SS Extranjeras

Después del papel clave que jugaron las divisiones motorizadas SS en la caída de Francia, (Concretamente la 1.ª División Leibstandarte SS Adolf Hitler, la 2.ª División SS Das Reich y la inconfundible 3.ª División SS Totenkopf) Heinrich Himmler sugirió al führer la expansión de las SS.
Himmler se encontraba bajo la presión de sus mandos inferiores que le demandaban más efectivos dadas las cuantiosas bajas que las divisiones SS sufrían. La fidelidad a Adolf Hitler y al partido nazi, el antisemitismo y el odio al comunista proporcionaban hombres más aguerridos, temerarios y sin piedad, pero no necesariamente mejores soldados. Sigue leyendo!