Iwo Jima: la fortaleza de Kuribayashi

La batalla por la isla de Iwo Jima, también conocida como “Operación Detachment”, fue uno de los combates más sangrientos en la Guerra del Pacífico. La toma de la isla, situada tan solo a mil kilómetros de Tokio, posibilitaba a los estadounidenses el bombardeo de la capital nipona. En el mes que duró la operación, se perdieron decenas de miles de vidas en ambos bandos, y se mostró el poder de resistencia extrema del ejército del Imperio de Japón.

US NAVY. (Iwo Jima. 1945)

US NAVY. (Iwo Jima. 1945)

En la primavera de 1945 la línea defensiva japonesa se rompe y el primer territorio japonés en caer en manos de EE.UU fue la isla de Saipán, en el archipiélago de las Marianas. Poco después los marines estadounidenses conquistaron Tinián y Guam, en esta última el almirante Nimitz establece su cuartel general, anteriormente acantonado en Pearl Harbor, con lo que avanza unas 3.300 millas.

El Alto Mando japonés ya se esperaba el asalto al archipiélago de las islas Bonin o islas Volcánicas, entre las que se encontraba Iwo Jima, una isla de apenas ocho kilómetros de largo en cuyo extremo se encuentra el Monte Suribachi, un volcán de 170 metros de altura que permitía un campo visual completo de la isla y del océano Pacífico. La isla, donde los japoneses habían construido dos aeródromos, ya estaba siendo sometida a un bloqueo naval y a bombardeos regulares desde el verano de 1944.

La defensa de la isla fue encomendada al general Tadamichi Kuribayashi que, después de ordenar evacuar al millar de civiles que la habitaban, reforzó su defensa con 21.000 hombres y construyó una inmensa red de túneles por toda la isla para proteger a sus hombres, con mucho éxito, de los bombardeos aeronavales estadounidenses. Además el general fortificó la isla con estructuras defensivas y prohibió a sus soldados el uso de la carga “banzai” o el asalto frontal que había sido usado por los soldados japoneses y les convertía en blancos fáciles para el fuego enemigo.

Tras tres días de intensos bombardeos, el 19 de febrero de 1945 comienza el asalto al archipiélago, donde participaron alrededor de 500 buques, de entre ellos 12 portaaviones y 8 acorazados; y unos 250.000 hombres, de los cuales 70.000 eran marines; al mando del general Holland M. Smith, y con el apoyo de los almirantes Spruance, Mistcher y Turney.

Las tropas estadounidenses al desembarcar en la playa, denominada como la “Red Beach”, se encontraron con un terreno con una marcada orografía volcánica y una playa muy estrecha que reducía en gran medida la maniobrabilidad. Así las cosas, los japoneses atrincherados en el Monte Suribachi aprovecharon para atacar la playa con artillería y ametralladoras. El avance estadounidense se había detenido nada más comenzar la ofensiva y se habían producido miles de bajas en la playa.

Al mismo tiempo que las tropas aliadas en la playa sufrían cuantiosas pérdidas, los “kamikazes” japoneses atacaron a los barcos de la V Flota del Almirante Spruance y a los portaaviones del almirante Mistcher con el resultado de graves averías en el U.S.S Saratoga y el hundimiento del U.S.S Bismarck Sea.

Los efectivos estadounidenses fueron capaces de avanzar entre el intenso fuego japonés y el terreno abrupto hasta conseguir aislar el monte del resto de la isla. De poco sirvió, ya que los japoneses se movían por los túneles bajo el bloqueo. A partir de este momento se van a usar lanzallamas, carros de combate, cargas magnéticas, morteros y lanzacohetes para mermar la desesperada resistencia japonesa, que aprovechaba la noche para lanzar golpes contra su enemigo.

El día 21 de febrero comienza el ascenso hacia la cima del volcán, pero las condiciones meteorológicas y la defensa japonesa hicieron que las tropas estadounidenses tuvieran que retroceder hasta las posiciones iniciales. No será hasta el día 23 cuando se corone la cima del Suribachi al acabar con la resistencia japonesa y se coloque la bandera estadounidense, dando lugar a una de las fotografías más famosas de la contienda, que valió un premio Pullitzer, y que fue muy difundida por la propaganda de guerra estadounidense.

Uno los marines que ascendieron a la cima del volcán llevaba una bandera de EE.UU en su mochila y usando como mástil un trozo de cañería, la alzó junto a sus compañeros para encajarla entre los escombros. En el lugar de los hechos se encontraban dos corresponsales, uno de ellos era Joe Rosenthal, quien sacó la foto y ganó el mencionado premio. A pesar de que la bandera estadounidense ondeaba en lo alto del monte, todavía quedaba el resto de la isla en manos japonesas, y tardarían semanas en sucumbir ante el avance estadounidense.

El día a día desde la conquista del Suribachi hasta la rendición japonesa en la isla supuso una lucha encarnizada por cada palmo de terreno. Los buques de la armada de EE.UU descargaron toda su potencia de fuego en vanos intentos de romper las líneas enemigas y la estrategia del general Kuribayashi fue la de defender todas las posiciones desde todos los ángulos posibles. Las tropas estadounidenses tuvieron que emplearse a fondo con ingenieros y carros de combate para sortear las trampas y neutralizar los puestos defensivos japoneses.

El día 25 de marzo, con una resistencia muy mermada y ante la imposibilidad de mantener el dominio japonés en Iwo Jima, el general Kuribayashi transmitió por telégrafo al Cuartel General Imperial tres poemas, con lo que cesa la comunicación con sus superiores. Ese mismo día se produjo un último ataque japonés “banzai” sobre uno de los dos aeródromos capturados, que acabó en fracaso. Al día siguiente el Alto Mando de EE.UU declaró la isla bajo control de sus tropas. La batalla había finalizado.

Tras la toma de la isla nunca se encontró el cuerpo Tadamichi Kuribayashi, quien presumiblemente se quitó la vida junto con la de sus hombres. Los atacantes sufrieron más de 24.000 bajas y los defensores alrededor de 21.000, casi la totalidad de sus tropas, salvo doscientos prisioneros. Era la primera batalla que acababa con más bajas estadounidenses que japonesas.

El asalto a Iwo Jima supuso una fuerte pérdida humana entre las tropas aliadas, que observaron a un ejército muy inferior, asediado y sin suministros luchar sin cuartel durante un mes. Varios días antes de la caída de la isla ya se habían acabado los víveres y el agua y las tropas japonesas sobrevivían como podían haciendo frente a sus enemigos. Esta muestra de resistencia extrema hizo ver al Alto Mando estadounidense que una invasión en territorio japonés iba a costar una suma de vidas inasumible, y ciertos políticos como Truman usaron este argumento para lanzar los ataques atómicos sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki que costaron cientos de miles de vidas.

Javier Naranjo

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